Cariño mío, sol mío,
pequeña estancia de mis suplicios,
canto rezo, cristalizo entonces este delirio hacia un abrazo
tierno, quieto, lleno.
Amor de mi sendero, callejero,
temeroso amor, corazón traicionero
¿por qué? no entiendo, no te comprendo
¿por que ahora? ¿Por que así?
Silencios, cariños, recuerdos y sueños,
sonrisas sin dueños y besos perdidos,
ahogados, guardados
y desperdiciados por este martirio.
Cerca, demasiada distancia talvez,
y mil dudas, cuestiones y altivez,
no lo sé, no encuentro respuesta,
deseo y rezo exacto, dispersos.
Pierdo entonces la conciencia
y esta inocencia por anclarme a dudas ciertas,
a insolencias y condolencias
en rezarle a una princesa cual estrella.
Cariño mío, sol mío,
pequeña gracia de este delirio,
cantaré rezos que cristalizan grandes estancias de mis suplicios.
y sueño entonces un dulce abrazo lleno y tierno y aún prohibido.
Octavio Asiain Lechuga
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