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Apología

Te buscare aunque hoy sea tarde, te encontrare,

al fin y al cabo mi insomnio es inagotable,

deseo esconderte, dentro de mi nada, cerca de tu todo,

lejos de algún miedo, duda o desconsuelo,

para dedicarte mis cantos inquietos.

 

Cansadamente espero, ingenuamente muero,

y entre sueños es tu cuerpo el culpable de  estos versos,

regresaré internamente a un señuelo loco y tierno,

para poder robarte un suspiro, un delirio

y anclarme en tu recuerdo.

 

Deseo apoderarme de tus recuerdos,  de los que me desees dar,

anhelo poder jugar a los agentes secretos,

a hacer cómplices a la luna, a Dios padre y a la muerte,

sabernos nosotros solos, amados

sin distracciones, sin testigos, ni confidentes.

 

Te esperaré con mi paciencia infinita,

con mi cariño profano, con este amor espontáneo,

y con este destino inhumano, que nos presentara,

que juega y a veces desgarra, persistiré si así lo deseas,

sí es que algún día me encuentras aunque sea tarde.

 

Y si es que tu desespero, tus instantáneos enojos,

te siguen bloqueando al mundo, te impiden mirar al cielo,

solo busca dentro y mira, escúchate y recuerda,

oye bien pequeña mía, hay amor y compañía,

y junto a ti mis brazos, niña.

 

Octavio Asiain Lechuga

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