Te imagine tan cercana a mis suspiros,
y es ahí en esos momentos en que te entendí tan lejana de este destino,
si es muy cierto, en realidad soy tan complicado,
en cierta forma me encanta alejarme de los andares seguros
y posibles de esta cruel vida.
En realidad me he quedado con tus palabras tan cerca,
muy cerquita de la mente, las repaso, las transcurro,
y vuelvo entonces a dudar, a experimentar este frió intenso,
este escalofrió que recorre al aceptar que me estoy alejando cada día
de un momento pleno, de un encuentro cierto ante esta realidad.
Y quizá muy verazmente me alejo, me interno en este laberinto desolado,
que acabaré llorando por aferrarme a esta necedad
de querer vivir por una simple imagen divina,
por esta estrella que hoy me estremece,
por este espectro que es simple reflejo.
Cierto, probablemente este sea el final
que venga siendo el colofón de mis derrotas y mis abrojos,
aunque sinceramente siento, y de algo estoy tan seguro amor mío
que indudablemente nada podrá suplir esta inmensidad
que recreas y alimentas.
Es aquí, en que sé te puedo asegurar que no especulo,
nunca había experimentado tanta seguridad en mis suspiros,
no hay frió, dudas, temores acerca de lo que siento, este corazón late,
y lo hace sin dudar y lo logra pertinaz y continuamente y sé que no hay duda,
sé que aunque quizá este firmando mi sentencia de muerte
y condenando a ese infierno de nostalgias y devenires.
Moriré feliz y mi sentencia será un increíble recuerdo
de que por fin logré entregarme y sentir lo que es morir sonriendo,
soñar, cantar con estrellas
y que al fin en estos días concretamente pude amar
y sentir lo que es mirarte y reflejarme amando,
amándote indudablemente
amando axiomáticamente.
Octavio Asiain Lechuga
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