Escucha princesa, mis letras humildes que suelo cantar, tan solo a la luna cuando tú no estas, ya que ella esta cerca y me suele cuidar de embrujos fatales como lo es tu imagen, que mientras transcurre la historia del tiempo se marcha más lejos mi fe de alcanzar el día que estés cerca y me puedas amar, que observes conmigo el cielo brillar por mi linda luna, y a las mil estrellas que juro ninguna te ha de igualar, ya que ese brillar que perciben mis ojos irradian sin par, aún con la distancia que obliga la vida y este cruel destino, irónico e infame que torna al amor que quema en mi cuerpo, en sacro dolor, haciendo llorar a mi corazón, con agrio furor, tan falto de vida; maldita agonía que prueba que Dios, me da la esperanza como salvación, que me hace soñar para no llorar y no maldecir la cruel pesadilla que día con día parece fatal, mas llega el recuerdo y de nuevo aquí estas y la fantasía me obliga a soñar y resucitar y para esperar que ya no te alejes y me puedas salvar, de este terrible infierno llamado por mí, “soledad".
Octavio Asiain
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